Editorial · Venezuela · Julio 2026
A confexión de parte, relevo de pruebas
Cuando el propio régimen admite que construó sin estudios de suelo, no hacen falta más pruebas. La sentencia moral ya está firmada.
Antonio Ledezma
Alcalde Mayor de Caracas · En el exilio desde 2017
“A confesión de parte, relevo de pruebas”: esta máxima jurídica resume lo que ha ocurrido con el régimen que destruyó a Venezuela durante 27 años. Uno de sus propios funcionarios admitió públicamente que los edificios construidos por órdenes de Hugo Chávez se levantaron sin estudios de suelo. Lo dijo sin vergüenza, como explicación lógica. Nada como esas palabras para exhibir la moral de un sistema que eligió el espectáculo sobre la vida.
A esas víctimas del doblete sísmico las mató la decisión deliberada de construir “rapidito”, de anteponer el show político al protocolo técnico, la fotografía inaugural a las leyes de la física. Sus responsables tienen nombre y apellido.
Es la misma lógica que destruyó las tuberías del acueducto “El Coloso” en Falcón —advertido por ingenieros que nadie escuchó— la que paralizó las termoeléctricas, desmanteló a PDVSA de más de 3 millones de barriles diarios a mínimos históricos, y convirtió el Arco Minero en un ecocidio. Una nación en paz logró una contracción económica superior al 75%. Nueve millones de venezolanos tuvieron que irse por esto: por esa cultura política que construye sin estudios de suelo, pretende gobernar sin ciencia, sin ética y sin rendir cuentas a nadie.
“Las mató la decisión deliberada de construir ‘rapidito’, de anteponer el show político al protocolo técnico, la fotografía inaugural a las leyes de la física.”
La confesión del funcionario no puede sino leerse como perfectamente coherente con la irresponsabilidad de un régimen que nunca tuvo cuentas que rendir ni vidas por las que responder. Cada edificio mal construido, cada acueducto dañado, cada plataforma petrolera es un testigo silencioso de esa elección.
Venezuela tiene en su diáspora el activo más valioso para un plan de reconstrucción nacional. Nueve millones de compatriotas —médicos, ingenieros, financistas, científicos— formados en nuestras universidades y esparcidos por el mundo son el mayor fondo de reserva intelectual disponible para una reconstrucción que ya comenzamos a diseñar.
Levantaremos a Venezuela desde los escombros. Con la fuerza de la ley, con el talento de nuestros hijos, con la empresa privada como motor y con la convicción de que la libertad es el único suelo firme sobre el que se construye un país. Pero primero, la justicia. Los confesos están relevados de pruebas. Y la historia no prescribe.
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