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El mandato sigue en pie
El interinato de los Rodríguez no sustituye la soberanía ciudadana
EDITORIAL
Lo que hoy vive Venezuela son días gloriosos. Pasó lo que millones de ciudadanos anhelaban que pasara. Ahora hay que saber comprender y asimilar los acontecimientos desencadenados. Por ejemplo, al presidente Donald Trump hay que escucharlo a diario. Todo lo que diga hoy puede girar en otra dirección mañana. Así actúan los grandes estrategas. La palabra de ayer o las tácticas aplicadas en un momento específico para ejecutar una estrategia, se pueden modificar según cada circunstancia, cuando se trata de alcanzar y consolidar el objetivo medular. La guerra contra el narcotráfico, contener la avanzada del terrorismo, castigar las corruptelas que han dado lugar al saqueo de la nación, presionar para que se liberen los presos políticos y que cese la implacable persecución de seres humanos, son fines esenciales contenidos en ese objetivo fundamental.
Hay otro capítulo no menos importante: la rehabilitación institucional y económica de Venezuela, lo cual hará posible sacar a millones de familias del abismo de la pobreza. Por eso vamos paso a paso.
Está a la vista de todos que la suplencia sacada de “las astillas del mismo palo” nace débil y camina en una cuerda floja. Está ahí, justificando evitar un vacío, no para conducir un proceso. El mandato ciudadano del 28 de julio de 2024 sigue pendiente de su cumplimiento. Por eso hablamos, con más fuerza argumental que nunca, de la necesidad de persistir con la paciencia estratégica que ha dado tan buenos resultados.
Ese mandato soberano del pasado 28 de julio de 2024, es una realidad política valedera, incluso cuando se intenta descartarlo con fórmulas de naturaleza eventual. Lo vemos en la reacción de la gente, en la expectativa contenida y en la dificultad inocultable que tiene cualquier arreglo volátil para producir obediencia real. El país ya cruzó un umbral y no va a volver atrás. Por eso, el foco no está puesto en administrar el derrumbamiento de una usurpación, sino en seguir, perseverantemente, luchando por el cumplimiento del dictamen de más de 7 millones de electores. Todo lo demás gira alrededor de eso. La liberación plena de los presos políticos, el desmantelamiento de los aparatos de represión, la conformación de un gobierno de transición con legitimidad clara y, en el tiempo correspondiente, la convocatoria a elecciones libres, forman parte de una misma secuencia.
Desde el liderazgo de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, la prioridad ha sido no perder ese hilo. No dejar que la urgencia del momento borre o desdibuje el sentido de lo que se logró el 28 de julio y del hecho trascendental sucedido en la madrugada del pasado 3 de enero. Sabemos que hay operaciones para “normalizar” rápido, para aceptar salidas incompletas, para cerrar en falso. También sabemos que esas salidas no duran. Es imposible normalizar lo que esta tan anormal.
Mientras tanto, el país sigue pagando costos muy concretos, como los que estamos viendo con la maliciosa incertidumbre en torno a la liberación plena e incondicional de los presos políticos. Cada día que pasa sin una transición real prolonga ese daño. Lo digo sin dramatismo.
Esta etapa exige cabeza fría y dirección firme. No estamos ante un final ordenado ni ante un simple relevo. Estamos en una fase abierta, con tensiones visibles y con una ciudadanía que no está dispuesta a que le arrebaten sus derechos. Acompañar ese proceso implica decir las cosas como son, sin atajos retóricos y sin falsas expectativas.
Eso es lo que intentamos hacer desde aquí: mantener el foco, sostener el mandato y empujar, con paciencia y determinación, para que la voluntad expresada en las urnas termine convirtiéndose en un cambio real de poder. El tiempo de lo insostenible es limitado. El tiempo de la Venezuela democrática basado en proyectos sustentables, en cambio, ya empezó a correr.
En Diálogo con el Mundo
Esta semana dediqué un gran esfuerzo a hablar con la prensa para despejar la confusión que algunos pudieran tener acerca de lo que está ocurriendo en Venezuela después de la captura de Maduro. No perdamos el foco en que lo que está en juego es el respeto a la voluntad popular.

Entrevista con COPE/La Linterna
En COPE/La Linterna, quise dejar clara una cosa frente a la audiencia española: la salida de Nicolás Maduro del poder cambia el escenario, pero no convierte automáticamente el interinato de Delcy Rodríguez en una transición. Hablé de su ilegitimidad, de su vínculo con los aparatos de represión y, sobre todo, de la necesidad de que Europa entienda que la estabilidad no se construye administrando parches, sino cumpliendo el mandato ciudadano del 28 de julio.

Entrevista con The Objective
En entrevista con The Objective, pude explicar con más calma cómo se llegó hasta aquí. Conté cómo la estrategia liderada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia permitió organizar una salida civil y electoral que desplazó la legitimidad hacia la gente. También aclaré algo que a veces se pierde en el ruido: la acción de Estados Unidos no sustituye ese proceso; ocurre después, cuando el país ya había hablado en las urnas.
En Profundidad

El Comienzo del Final
En este artículo, intento articular la idea de cómo la noción de soberanía fue vaciada de contenido hasta convertirse en una coartada para la destrucción institucional que provocó el madurismo. Por eso, el 28 de julio significó un punto de quiebre que desplazó de manera definitiva la ciudadanía hacia la reconquista de la soberanía ciudadana. Lo que vino después —maniobras, parches, interinatos— se entiende mejor cuando se asume que ese mandato sigue activo y que cualquier salida que lo ignore nace incompleta.
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El Calvario de un Preso Político
Conocí las cárceles venezolanas primero como diputado en 1984, recorriendo cada prisión para documentar su colapso; jamás imaginé que treinta años después volvería a ellas como víctima de Maduro, padeciendo más de mil días de encierro entre el Helicoide, Ramo Verde y el arresto domiciliario, con audiencias canceladas bajo excusas absurdas, hasta que organicé mi propia fuga hacia el exilio. Hoy, cuando se habla de liberar a cientos de presos políticos, sé que la verdadera reconstrucción de Venezuela no será solo económica sino moral: debemos jurar que nunca más se encarcelará a un inocente por sus ideas, y continuar la lucha hasta que el último cerrojo de la tiranía sea destruido.
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📚 Ya disponible: Operación Guacamaya y el Retorno de los Desterrados
Escribí esta novela para dar forma literaria a una historia inspirada en hechos reales: la fuga de dirigentes opositores perseguidos por Maduro, refugiados en una embajada y obligados a urdir una odisea de supervivencia y dignidad. Operación Guacamaya es ficción, sí, pero está atravesada por la memoria de un país que resiste, y por el eco de las voces de quienes han enfrentado la persecución.
Cada página recrea la tensión, el miedo y la esperanza de un pueblo que se niega a rendirse. Al mismo tiempo, es un espejo de la Venezuela que hemos vivido: la cárcel, el exilio, la clandestinidad, la resiliencia.
Esta novela es también un testimonio simbólico: pertenece a todos los venezolanos que han sufrido el destierro o la represión, y que aún así siguen creyendo que la libertad es posible.
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![]() El fentanilo, ese opioide que mata silenciosamente en Estados Unidos y Europa, es otra cara de la misma tragedia: redes criminales sostenidas por la corrupción y amparadas por gobiernos que se dicen revolucionarios. No es casual que el régimen venezolano sea hoy un punto de tránsito para esas sustancias. | ![]() Los 20 Puntos de María Corina Machado recogen, en sus propias palabras, la visión, las prioridades y el mapa de ruta de esta lucha: desde el propósito último de reconstruir una Venezuela libre y próspera, hasta la preparación para gobernar, la organización ciudadana, el uso de la clandestinidad y los retos por venir. |

