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Las señales y el fondo - Reenvío
El momento político que atraviesa Venezuela con las liberaciones y la amnistía
Nota editorial: ayer, por error, enviamos nuestro tradicional boletín de los domingos. Aquí va de nuevo en su horario habitual.
Mi solidaridad con las familias en riesgo en Aruba
Editorial
Amnistía, liberaciones y el estado real de las cosas
Es imposible no conmoverse con cada liberación: familias que vuelven a abrazarse, vidas que recuperan un mínimo de normalidad pese a las cicatrices que quedan. Nadie debería pasar un solo día preso por razones políticas.
Sin embargo, la reaparición de una nueva ley de amnistía obliga a repasar un patrón conocido: anuncios de "apertura" que liberan a algunas personas mientras el sistema que permitió esas detenciones permanece intacto e impune.
Hoy ocurre lo mismo. Causas judiciales que siguen abiertas, como espada de Damocles sobre quienes salen de prisión. Una "libertad" condicionada a presentaciones periódicas ante tribunales, prohibiciones de salida del país, restricciones para expresarse. El objetivo es siempre el mismo: aliviar tensiones puntuales, reducir la presión externa, administrar el desgaste sin modificar la estructura que habilita la represión.

El liderazgo del futuro: Edmundo y María Corina
Ahí es donde conviene despejar una confusión que comienza a coger vuelo: llamar "transición" a una simple rotación interna del poder. La historia venezolana ofrece referencias claras. Cuando hubo transiciones reales —incluso desde estructuras autoritarias— se abrieron libertades, se legalizó la disidencia, se convocó al voto, se entregó el poder. Nada de eso ocurre cuando el objetivo es preservar una hegemonía en crisis.
Por eso, cualquier discusión seria sobre la amnistía debe considerar el contexto completo: la conducta posterior del Estado, la verificación de garantías, el cierre efectivo de las causas, la restitución plena de derechos civiles y políticos, el levantamiento de medidas restrictivas y pasos concretos hacia el desmantelamiento del castigo como política de Estado.
Este debate interno coincide con un momento particular en el escenario internacional. En Madrid, durante un foro académico, volvió a plantearse una pregunta que los venezolanos conocemos demasiado bien: qué lugar ha tenido el derecho internacional frente a una crisis tan prolongada como la nuestra. Durante años se produjeron informes, se activaron mecanismos, se sucedieron rondas de diálogo que no condujeron a cambios verificables. La soberanía terminó convertida en coartada y el Estado de derecho siguió ausente.

Foro sobre el futuro de Venezuela en la universidad Villanueva de Madrid
Hoy el movimiento es distinto, impulsado en buena medida por la acción decidida del gobierno de Estados Unidos. El paso dado el 3 de enero permitió salir del punto muerto en que se encontraba el país. Aunque no despejó el camino por completo, el escenario es radicalmente diferente y apunta hacia la restitución de la democracia. El mundo vuelve a reconocer un liderazgo legítimo en las figuras de María Corina Machado y Edmundo González, respaldados por una ciudadanía que se expresó de manera abrumadora.
En ese escenario, el liderazgo importa. Y lo que se ha visto en las últimas semanas no es una sucesión de actos aislados, sino una secuencia pensada. María Corina Machado ha llevado la causa venezolana a espacios clave, con sobriedad, con firmeza y con una idea clara: esto no gira alrededor de una ambición personal, sino de una representación colectiva, compartida con Edmundo González y sostenida por la mayoría del país.
El contraste es evidente. De un lado, maniobras que buscan ganar tiempo. Del otro, una estrategia que asume riesgos y fija dirección.
La amnistía, las liberaciones y la "apertura" que amaga la dictadura solo adquieren sentido a la luz del tiempo: su credibilidad se juega en los hechos del día después, no en los anuncios diseñados para ganar tiempo.
El momento exige definiciones concretas. Cierre efectivo de causas judiciales. Restitución plena de derechos. Fin de la persecución como método. Instituciones que vuelvan a funcionar y un camino claro hacia el pronunciamiento soberano de los ciudadanos.
Venezuela no necesita alivios episódicos ni relatos acomodaticios. Necesita reglas claras, instituciones vivas y una salida que no dependa de anuncios, sino de hechos sostenidos en el tiempo.
Celebrar cada liberación es un deber moral. Entender el momento completo es una responsabilidad política. En tiempos como este, esa combinación resulta indispensable para no confundir movimientos tácticos con transformaciones reales.
En Profundidad
La amnistía y los derechos conculcados
Una reflexión jurídica y política sobre la propuesta de ley de amnistía: qué significa una liberación cuando no se cierran las causas, por qué la restitución de derechos no puede confundirse con magnanimidad del poder y cuáles son las condiciones mínimas para que una medida de este tipo tenga credibilidad real.
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Las faenas de María Corina
Las recientes actuaciones internacionales de María Corina Machado leídas como una secuencia coherente de decisiones: riesgo asumido, claridad de discurso y una apuesta por llevar la verdad venezolana a los centros donde hoy se toman decisiones.
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Empara ya se fue
Del 19 de abril de 1810 al presente: una lectura simbólica y política sobre el retiro del consentimiento popular, el cinismo del poder y las maniobras para prolongar lo que ya perdió legitimidad. La historia como espejo incómodo del presente.
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Diferencias Abismales
Un recorrido por las verdaderas transiciones venezolanas del siglo XX para entender por qué el relevo interno de figuras asociadas al mismo poder no constituye un quiebre democrático. Historia, contraste y criterio para no confundir cambio con maquillaje.
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Escribí esta novela para dar forma literaria a una historia inspirada en hechos reales: la fuga de dirigentes opositores perseguidos por Maduro, refugiados en una embajada y obligados a urdir una odisea de supervivencia y dignidad. Operación Guacamaya es ficción, sí, pero está atravesada por la memoria de un país que resiste, y por el eco de las voces de quienes han enfrentado la persecución.
Cada página recrea la tensión, el miedo y la esperanza de un pueblo que se niega a rendirse. Al mismo tiempo, es un espejo de la Venezuela que hemos vivido: la cárcel, el exilio, la clandestinidad, la resiliencia.
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![]() El fentanilo, ese opioide que mata silenciosamente en Estados Unidos y Europa, es otra cara de la misma tragedia: redes criminales sostenidas por la corrupción y amparadas por gobiernos que se dicen revolucionarios. No es casual que el régimen venezolano sea hoy un punto de tránsito para esas sustancias. | ![]() Los 20 Puntos de María Corina Machado recogen, en sus propias palabras, la visión, las prioridades y el mapa de ruta de esta lucha: desde el propósito último de reconstruir una Venezuela libre y próspera, hasta la preparación para gobernar, la organización ciudadana, el uso de la clandestinidad y los retos por venir. |


