EDITORIAL
La fuerza de la Unidad
En las últimas semanas se ha ido afirmando una percepción en la sociedad venezolana: la posibilidad de un cambio político depende, en buena medida, de que la unidad deje de ser un acuerdo circunstancial entre dirigentes y se convierta en una convicción sostenida por la ciudadanía.
En ese punto el liderazgo de María Corina Machado ha adquirido un significado especial. No solo por su capacidad de movilización, sino por la insistencia con la que ha defendido una línea de coherencia política: preservar la unidad incluso cuando abundan las presiones para fracturarla.
La historia reciente de Venezuela está llena de episodios en los que las divisiones internas terminaron debilitando las expectativas de cambio. Pero precisamente por eso el país parece estar observando con atención cada gesto que confirme que esta vez se intenta actuar de otra manera.
El reciente estudio de Meganálisis, revela un clima político de cansancio frente al estancamiento y grandes expectativas por una renovación liderizada por María Corina.
Pero mientras esa percepción se abre paso en la sociedad, desde el poder se proyecta una escena distinta, como la que vimos durante la entrevista que Luis Olavarrieta le realizó a Jorge Rodríguez. No por las respuestas que se intentan dar, sino por la manera en que se abordan los temas centrales del país, desconectada de la experiencia cotidiana de los ciudadanos.
Por un lado, una sociedad que intenta encontrar un camino común para salir de la crisis. Por otro, un discurso oficial que parece girar dentro de su propio círculo.
Cuando observo este momento político suelo recordar una escena de mi juventud en San Juan de los Morros: en la Plaza de los Samanes se reunían multitudes para escuchar a dirigentes de corrientes muy distintas: Jóvito Villalba, Gonzalo Barrios, Rafael Caldera. Cada uno defendía su visión del país. Había diferencias profundas, incluso confrontaciones duras. Pero había también algo que hoy extraño: la conciencia de que la política era, ante todo, un espacio de encuentro con la gente y un sentido compartido del destino del país.
Quizás por eso, cuando hoy se habla nuevamente de unidad en Venezuela, conviene entender que no se trata simplemente de acuerdos circunstanciales para repartir cuotas de poder, o como una estrategia electoral coyuntural o de un acuerdo entre dirigentes.
La unidad verdadera empieza cuando el país vuelve a reconocerse en una misma conversación pública como la razón medular de nuestras luchas.
EN PROFUNDIDAD
Mujeres Todos Los Días
Desde el exilio, rindo tributo a la mujer integral —fuerza de la naturaleza y reserva moral del mundo—, reconociendo su incansable lucha diaria por la libertad, ya sea resistiendo la tiranía o sosteniendo el hogar, porque para mí son mujeres todos los días.
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María Corina Machado y el valor estratégico de la unidad
El liderazgo político se mide por la capacidad de anteponer los intereses del país a cualquier ambición personal. En este texto reflexiono sobre los esfuerzos recientes de María Corina Machado por sostener una estrategia de unidad indispensable para lograr el cambio democrático.
La experiencia venezolana demuestra que la fragmentación solo prolonga las crisis. La construcción de consensos, en cambio, abre el camino para que la voluntad ciudadana se traduzca en una verdadera reconstrucción institucional.
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Así piensan hoy los venezolanos
El mas reciente estudio de Meganálisis, ofrece una radiografía nítida del momento político del país. Los datos muestran el profundo desgaste del modelo que ha dominado Venezuela durante más de dos décadas y revelan un sentimiento mayoritario: los ciudadanos no quieren un simple reciclaje del poder, sino un cambio auténtico.
En el análisis también exploro otro elemento clave: el amplio respaldo que concita el liderazgo de María Corina Machado como referencia de una alternativa democrática, así como la expectativa social de que la transición política esté acompañada por una recuperación real de las condiciones de vida.
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La entrevista que desnuda el cinismo del poder
La reciente entrevista realizada por Luis Olavarrieta a Jorge Rodríguez dejó al descubierto un discurso político que normaliza el abuso del poder y pretende convertir en aceptable lo que en cualquier democracia sería inadmisible.
En este texto analizo ese intercambio y lo que revela sobre la forma de concebir la política por parte de quienes hoy controlan el poder: una mezcla de arrogancia, negación de responsabilidades y desprecio por la voluntad ciudadana. Comprender esa lógica es indispensable para no caer en sus trampas narrativas.

La imaginación que formó una conciencia democrática
Regreso a los paisajes de mi infancia en San Juan de los Morros. El Cerro Platillón, la Plaza de los Samanes y los mítines políticos bajo la sombra de los árboles que fueron para mí una verdadera escuela de ciudadanía.
Recuerdo allí a figuras como Jóvito Villalba, Gonzalo Barrios y Rafael Caldera, cuyas voces distintas —pasión, razón y doctrina— coexistían en un debate público vibrante. Esa experiencia temprana me enseñó que la democracia no es unanimidad, sino convivencia entre ideas distintas.
Hoy, cuando ese espacio de debate ha sido sustituido por el monólogo del poder, rescatar esa cultura política se vuelve una tarea urgente.

📚 Venezuela: Política y Ambiente
Escribí Venezuela, Política y Ambiente porque en la relación que hemos tenido con nuestro territorio, con los recursos naturales y con la idea misma de desarrollo, se juega el destino del país. Durante años, esa dimensión quedó relegada, como si el ambiente fuera un lujo para tiempos mejores, cuando, por el contrario, es un tema de urgencia.
En este libro intento pensar cómo una Venezuela democrática tendrá que reconstruirse sobre bases distintas: energías limpias, reglas claras, ciudades habitables, instituciones que protejan y no depreden. Es una reflexión sobre el país que viene, escrita desde la urgencia del presente, pero con la mirada puesta en el largo plazo.
Lo escribí para quienes quieren ir más allá del diagnóstico inmediato y preguntarse cómo evitar que repitamos los mismos errores. Porque sin una nueva relación entre política, poder y ambiente, cualquier reconstrucción será apenas un parche.

