Nota: Esta es la primera de dos entregas. La escribo todavía con la agenda aún en curso y las emociones y jornadas de estos días demasiado frescas para procesarlas del todo. Mañana publicaré una segunda entrega, más rigurosa y con reflexiones más decantadas, cuando el polvo del trabajo haya asentado lo suficiente como para mirarlo todo con la distancia necesaria. Por ahora, el relato en caliente.
El Comienzo del Regreso
Durante diez días de abril de 2026, acompañé a María Corina Machado en su gira europea por Francia, Países Bajos, Italia y España. Fue una operación política de primer nivel que consolidó su liderazgo ante los jefes de Estado más importantes del continente, reactivó a la diáspora venezolana en Europa y marcó el punto de inflexión hacia lo que ella misma llamó "el comienzo del regreso a casa". España, con el acto culminante en la Puerta del Sol, fue el broche de oro de la gira: emotiva, masiva, colmada de esperanza por el futuro de Venezuela. Pero el verdadero impacto se construyó paso a paso, país por país. Desde esa perspectiva completa quiero contarlo.


La reunión con Macron y su canciller en el Elíseo se extendió más allá del tiempo previsto y tuvo un momento inesperado: la aparición de su esposa Brigitte, que se acercó a saludar a María Corina con mucho cariño. Hubo preguntas francas del presidente francés sobre la situación en el terreno, y respuestas igual de francas de María Corina. Larcher, presidente del Senado francés, nos había recibido horas antes con la misma disposición acompañado de senadores de las distintas facciones políticas representadas en el parlamento francés. Al salir de ambos encuentros llevábamos compromisos concretos: acompañamiento francés a una transición democrática, presencia diplomática activa, coordinación con los otros socios europeos. Francia asumía una posición que hasta entonces había delegado en otros. Ese fue el primer logro del viaje.

De allí volamos a La Haya. Rob Jetten nos recibió en su despacho con el estilo directo que lo caracteriza. El encuentro fue breve pero denso: apoyo total a la democracia venezolana, rechazo explícito a cualquier intento de perpetuación del régimen, disposición holandesa a acompañar el proceso en los foros europeos. Más tarde llegó el mensaje del primer ministro, en la misma línea. Holanda es un país con empresas energéticas profundamente vinculadas a la región, con una diáspora venezolana activa, con una tradición política que convierte las declaraciones en posiciones reales. Lo que se alineó allí tuvo peso práctico: intereses comerciales, migratorios y de seguridad engranados con el objetivo de la transición. Segundo logro del viaje.

La parada en Italia, en Roma, fue otro golpe maestro. El encuentro con Giorgia Meloni en el palacio Chigi, sede del gobierno, fue cálido y político al mismo tiempo. Meloni, que entiende de liderazgos disruptivos, le transmitió un respaldo sin fisuras. La conversación con María Corina fluyó con la naturalidad de quien se reconoce en la trayectoria del otro. El respaldo italiano quedó formulado sin fisuras. Y en ese momento, mirando el mapa de la semana, el viaje empezó a revelar su arquitectura completa: Francia desde el centroizquierda institucional, Países Bajos desde el liberalismo pragmático, Italia desde la derecha soberanista. Tres tradiciones políticas convergiendo en un mismo punto. Ese consenso transversal fue el logro diplomático mayor de toda la gira.

España esperaba al final, con una intensidad que ninguno anticipó del todo. El viernes 17, la Llave de Oro de Madrid de manos de Martínez-Almeida, las reuniones con Feijóo y con Ayuso. El sábado 18, la Medalla de Oro de la Comunidad y el balcón de la Real Casa de Correos sobre la Puerta del Sol. Decir "miles de venezolanos" no alcanza para describir lo que había abajo. Habían venido en autobús desde Valencia, desde Bilbao, desde Sevilla. Familias enteras. Banderas guardadas durante años esperando un momento así. Cuando María Corina dijo "hoy comienza el regreso a casa", el rugido que subió desde la plaza fue algo físico — no solo sonoro. Había gente llorando a mi lado que no se conocía entre sí, abrazándose como si se reencontrara después de mucho tiempo.

Esa Puerta del Sol fue el cierre emocional de una estrategia que había construido sus cimientos país por país. Los apoyos institucionales en cuatro capitales europeas le dieron a ese momento en Madrid algo más que emotividad: le dieron peso político. La marea que llenaba la plaza era la expresión popular de un respaldo que ya existía en la sala del Elíseo, en el despacho de Jetten, en el Palacio Chigi.
Vista en conjunto, la gira movió tres cosas duraderas. El bloque europeo habla hoy con una voz convergente sobre Venezuela — reconocimiento de la victoria del 28 de julio, exigencia de elecciones limpias, rechazo a la impunidad. En la diáspora, lo que sentí en cada ciudad fue una reactivación profunda: el cansancio del exilio convertido en combustible político. Hacia Caracas, cada fotografía junto a un jefe de Estado europeo llegó como un mensaje que no necesita traducción: el apoyo internacional se consolida, el reloj de la transición avanza.

Acompañar a María Corina estos días me dejó la convicción de que encarna el liderazgo que Venezuela necesita para su recuperación. Su capacidad diplomática, la claridad con que sostiene una conversación, la fuerza con que defiende una posición ante interlocutores que no necesitaba convencer — todo eso caló hondo en los líderes europeos. Los europeos responden al peso real. Y en estos diez días, María Corina les mostró el peso real de su liderazgo y del movimiento que representa.
España fue el broche de oro. Francia, Países Bajos e Italia fueron los cimientos. Juntos, estos diez días cambiaron el tablero. Venezuela está más cerca. Mucho más cerca.
Pero esto es hasta el final.
EN PROFUNDIDAD

Crónica de un retorno anunciado
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📚 Venezuela: Política y Ambiente
Escribí Venezuela, Política y Ambiente porque en la relación que hemos tenido con nuestro territorio, con los recursos naturales y con la idea misma de desarrollo, se juega el destino del país. Durante años, esa dimensión quedó relegada, como si el ambiente fuera un lujo para tiempos mejores, cuando, por el contrario, es un tema de urgencia.
En este libro intento pensar cómo una Venezuela democrática tendrá que reconstruirse sobre bases distintas: energías limpias, reglas claras, ciudades habitables, instituciones que protejan y no depreden. Es una reflexión sobre el país que viene, escrita desde la urgencia del presente, pero con la mirada puesta en el largo plazo.
Lo escribí para quienes quieren ir más allá del diagnóstico inmediato y preguntarse cómo evitar que repitamos los mismos errores. Porque sin una nueva relación entre política, poder y ambiente, cualquier reconstrucción será apenas un parche.

