Venezuela · Política · Agosto 2026
Venezuela en tres frentes
Dimensiones del reto venezolano ante el futuro
Antonio Ledezma
Alcalde Mayor de Caracas · En el exilio desde 2017
Los tres textos que publicamos esta semana en Venezuela Libre parten de asuntos muy diferentes: la relación de América Latina con Estados Unidos y China, el debate sobre la dolarización y la persistencia de la represión política. Leídos juntos, componen una imagen bastante más amplia del país que tenemos por delante.
El primero mira a Venezuela desde el mapa. Durante décadas, Washington ha prestado a América Latina una atención irregular, marcada con frecuencia por urgencias coyunturales y cálculos de corto plazo. Mientras tanto, China fue construyendo relaciones económicas, financiando infraestructura, asegurando materias primas y ampliando su presencia en una región cuyo valor estratégico difícilmente puede exagerarse.
Venezuela concentra las mayores reservas probadas de petróleo del planeta. Argentina, Bolivia y Chile poseen una parte decisiva de los recursos mundiales de litio. A eso se suman rutas marítimas, minerales críticos, alimentos, energía y una posición geográfica excepcional. China entendió hace tiempo que buena parte de la competencia internacional de las próximas décadas pasará por América Latina.

Este escenario importa particularmente para Venezuela. La reconstrucción del país ocurrirá dentro de un mundo que ha cambiado profundamente desde el comienzo del chavismo. Ya no basta con pensar nuestra recuperación en términos domésticos. Habrá que entender también dónde queda Venezuela en la nueva disputa por energía, tecnología, recursos y cadenas de suministro.
Durante décadas, Estados Unidos actuó como si su liderazgo mundial pudiera sostenerse independientemente de lo que ocurriera al sur del Río Grande. Esa época terminó. La rivalidad entre Washington y Beijing, la invasión rusa de Ucrania, la reorganización de las cadenas productivas, la transición energética, la competencia por minerales críticos, las crisis migratorias y la disputa por las rutas comerciales han convertido al hemisferio occidental en un escenario decisivo de primer orden. Por eso América Latina no debería ocupar un capítulo secundario en la política exterior estadounidense. Debería estar en el centro de una nueva estrategia de autonomía estratégica hemisférica. Esa estrategia debería incluir a Venezuela. Ya nuestro país no debería ser visto únicamente como un botín apetitoso o como un “problemita” político. Es también un actor energético y geopolítico de enorme importancia para el hemisferio. Pero todo debe hacerse en el contexto de la legitimidad, con garantías jurídicas a largo plazo y sin hipotecar principios innegociables, mucho menos con facciones embarradas con el narcoterrorismo. La recuperación de Venezuela tendría consecuencias que trascenderían sus fronteras: permitiría reconstruir una industria energética fundamental, reducir presiones migratorias, reactivar mercados y vínculos comerciales, atraer inversión y fortalecer el equilibrio estratégico del Caribe y de Sudamérica.
“Qué tipo de país queremos construir cuando Venezuela tenga finalmente la oportunidad de comenzar de nuevo.”
Una moneda estable puede ayudar en ese proceso.
El segundo artículo entra en una discusión mucho más cercana a la vida cotidiana: la dolarización. Después de años de inflación, destrucción salarial y pérdida de confianza en el bolívar, resulta comprensible que el dólar aparezca asociado a estabilidad. De hecho, su uso ya forma parte de la economía venezolana. Pero cualquier programa serio de recuperación tendrá que mirar bastante más lejos que la moneda. El país necesitará recuperar seguridad jurídica, reconstruir servicios públicos, atraer capital, devolver capacidad productiva a nuestra industria de hidrocarburos en un país en el que la PDVSA de ayer tendrá otra dimensión. También es menester ordenar las cuentas del Estado y revisar una deuda acumulada durante años de opacidad. También tendrá que recuperar algo mucho más difícil de medir: la confianza de quienes producen, trabajan, invierten y ahorran.
El tercer texto nos devuelve al presente más inmediato. Las cifras de la represión siguen ahí: 391 presos políticos, 228 civiles y 163 militares; más de 11.000 venezolanos sometidos a medidas restrictivas; millones de personas fuera del país, muchas de ellas conscientes de que regresar puede significar persecución, detención o represalias. Detrás de esas cifras opera además la dinámica de la puerta giratoria, que tan bien conocemos: algunos presos salen mientras otros entran. Las excarcelaciones generan titulares, pero el aparato de control permanece en toda su crueldad. El miedo se administra, se distribuye y se renueva.
Por eso estos tres asuntos terminan encontrándose: la Venezuela que habrá que reconstruir pertenece simultáneamente a varios mundos: al de la competencia geopolítica entre grandes potencias, al de una economía devastada que necesita volver a producir y al de una sociedad que debemos devolverle su libertad democrática plena. Pensar el futuro exige mirar esas dimensiones al mismo tiempo. Los artículos que publicamos esta semana intentan hacerlo desde lugares distintos. Uno observa el tablero internacional; otro entra en el debate económico; el tercero documenta el costo humano del sistema que todavía gobierna el país. Vale la pena leerlos juntos. Entre los tres aparece una pregunta que seguirá acompañándonos durante mucho tiempo: qué tipo de país queremos construir cuando Venezuela tenga finalmente la oportunidad de comenzar de nuevo.
En profundidad
América Latina como necesidad existencial de EE. UU.
Washington lleva décadas mirando a América Latina con intermitencia. China no. El continente concentra las mayores reservas de petróleo del planeta, el 43% del litio mundial y una posición geopolítica que determinará las próximas décadas.
No es la moneda, es el modelo fracasado
La dolarización no es la solución. El modelo que destruyó las instituciones, expropió la empresa privada y convirtió a PDVSA en instrumento político sigue siendo el problema real. Venezuela necesita cirugía mayor, no un nuevo envoltorio.
Venezuela y los miles de presos políticos
391 presos políticos. Más de 11.000 bajo medidas restrictivas. Millones en el exilio. Las cifras de la represión venezolana no cierran: la puerta giratoria garantiza que el terror no descansa.
Publicaciones
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